Hoy es una de esas noches en las que no quieres saber nada de nadie. Que te da igual si la tierra gira o si ha habido un terremoto. No te importa absolutamente nada. Lo único que haces es mirar hacia atrás. Y total, ¿para qué? Para nada. Solo sientes dolor de no poder tenerle más cerca. De ver como las cosas se han ido enfriando con el paso de los años. Pero es que no puedes hacer nada. El orgullo te puede. Y a él más aún. Estáis hechos el uno para el otro. El problema es que no os dais cuenta de lo que os necesitáis, de lo que os echáis de menos. Y las cosas seguirán así por mucho tiempo, no lo dudes. Así que ya puedes ir olvidándote de todos los momentos que pasasteis juntos si quieres dejar de llorar. Sí, de llorar. La almohada está cansada de que cada noche la utilices como trapo donde secar tus lágrimas. Es momento de que levantes cabeza. De empezar a vivir el presente. No te digo que mires hacia el futuro, no. Te digo que vivas el día a día, el momento. Vívelo. Siéntelo. No pienses en nada más que en disfrutar y te prometo que no habrá día que no tengas una sonrisa en esa preciosa cara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario