El segundo mes de este nuevo año ha superado el ecuador, y no ha ido todo lo bien que esperaba. Pensaba esforzarme, luchar por lo que quería, sacar buenas notas, sorprender a mi madre, ser una buena hermana, una buena amiga y una mejor hija. ¿Y sabéis que? No he conseguido absolutamente nada de lo que me he propuesto. Unas metas fijadas que parecían más fáciles de lo que eran en realidad. El día acaba. La semana. El mes. Y tengo ese sabor amargo de no haberme esforzado todo lo que debería para conseguirlo. También es verdad que no todo ha sido malo. He tenido mis días buenos y mis días mejores, he de reconocerlo. Y hay gente que ha colaborado en que eso sea así. En cambio, hay otros que lo único que hacen es ponérmelo más dificil, complicarlo todo, hacerme pensar en cosas que solo me perjudican. Ese tipo de personas son las que han hecho de este mes de febrero un auténtico caos. Y si ya nos ponemos a hablar con respecto a los estudios, no acabo. Porque tendría una larga lista de quejas hacia ciertas cosas, pero no es el mejor día para hablar de ello. Siempre digo lo mismo, pero tengo la esperanza de que el mes siguiente empiece con mejor pie, estoy segura de ello. Tenemos en tres semanas un viaje todos juntos que nos valdrá para desconectar y relajarnos. Y un poquito después, vacaciones. Y paro. Porque los meses siguientes no será hoy el día en que vaya a mencionarlos.
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