sábado, 14 de mayo de 2011

Rarezas.

Suelo percibir las pequeñas rarezas de la vida, los pequeños detalles, las pequeñas ironías, como los anillos de compromiso en las casas de empeño o los vestidos de boda sin usar que se venden rebajados en las tiendas de segunda mano. O la mujer gorda que está en la cola del supermercado, con una tarrina de chocolate de dos kilos en el carrito, a la que se le cae el carnet del club de "Control de peso" mientras busca la tarjeta de crédito.
Son las pequeñas cosas las que nos indican cómo son realmente las personas: esperanzadas, desesperadas, frágiles e inseguras. Las personas no cambian, no aprenden. Saben que los matrimonios fracasan a menudo, pero, aun así, asumen el riesgo porque siempre cabe la posibilidad de que a ellos les vaya bien. Prometen cambiar (dieta, estilo de vida, vicios), pero una semana después van al supermercado a provisiones de comida alta en calorías y se pasan mirando entre sollozos una pelicula de Meg Ryan y Tom Hanks.
Por cosas asi me doy cuenta de que soy extraña.

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